Cuando la mirada es recíproca: Retrato de una Mujer en Llamas

Céline Sciamma nos transporta a la Bretaña francesa del siglo XVIII. Marianne es una joven pintora encargada de elaborar un retrato matrimonial. Héloïse es una joven aristócrata recién salida del convento, reacia al matrimonio. Con la negativa de Héloïse de posar para un retrato cuya finalidad última es asegurar su matrimonio, Marianne debe hacerse pasar por su dama de compañía y observar a Héloïse furtivamente para poder plasmar su imagen en secreto. Poco a poco, desarrollan una relación amorosa que también debe quedar escondida.

Para entender por qué esta película es una obra de arte tan especial, debemos remontarnos a los años 70, en Inglaterra, de la mano de Laura Mulvey. En su ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema, Mulvey se apoya en el psicoanálisis para plasmar la objetivización de la figura femenina en el cine. Se centra en el concepto de la escopofilia masculina, el placer sexual de ver asociado a la mirada masculina. Mientras que el hombre en pantalla es el sujeto de la acción, la mujer no es más que su objeto de deseo; la mujer se representa como una fantasía masculina. El cine ha sido, históricamente, una expresión de la mirada masculina.

La propia Céline Sciamma ha calificado su obra como “un manifiesto de la mirada femenina.” Para empezar, no hay muchos hombres en la película, y jamás se muestra su punto de vista. Nunca son el sujeto de la acción. Sin embargo, sí queda retratada la dureza del régimen patriarcal que sufren las mujeres. Además, la propia narrativa de la obra nos hace reflejarnos en Marianne. Marianne se dedica a observar a Héloïse de manera secreta, sin que ella se de cuenta, de la misma forma en la que nosotros observamos la película de una manera secreta. De una forma u otra, vemos con ella. Pero la mirada de Marianne no es una mirada de deseo sexual vacío, sino una mira atenta, delicada, genuina. Héloïse, en un comienzo, no se deja ver en su totalidad. Su figura se va desvelando poco a poco, similar a la forma en la que, poco a poco, ambas desarrollan su relación.

Una de las características de la mirada femenina que queda retratada en el filme es su reciprocidad, opuesta a la unidireccionalidad de la mirada masculina. Cuando Héloïse descubre el verdadero motivo por el que Marianne la acompaña, critica su obra. Estudia su parecido con el cuadro, y juzga lo apagado que es, su falta de vida. Héloïse deja claro que no es un sujeto pasivo, no es una musa dócil. Se dejará estudiar para el retrato, pero ella también estudiará el resultado. Hay un mutuo entendimiento entre ambas, no es una jerarquía. Son dos iguales que se observan mutuamente. 

Son muchos más los detalles de Sciamma que hacen de esta una obra de arte del feminismo cinematográfico. Los vestidos de las protagonistas son simples, reales. Se habla con plena naturalidad de temas como la menstruación y el aborto. Y los hombres son extraños, intrusos en la historia. Pero es la forma en la que nos hace ver a la mujer – tan humana, tan pura, tan genuina – la que nos ha hecho a tantas sentir este filme como único. 

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