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El curioso caso de WhatsApp y cómo podemos aprender de él para frenar a Disney

Si piensas un poco como yo, los monopolios son algo aterrador. El poder absoluto que puede llegar a tener una empresa sobre el mercado, controlando todo lo que ocurre en un sector, no es precisamente algo que me agrade. Por eso, si piensas un poco como yo, Disney quizás no sea del todo un sueño hecho realidad, a veces, se acerca más a una pesadilla.


Algunas de las empresas y franquicias más conocidas que ya son propiedad de Disney son, por ejemplo, Marvel, Pixar, ABC o el Canal Historia, pero quizás este gráfico de TitleMax nos ayude a comprender un poco más de cerca el poder del gigante orejudo.

Y, seamos sinceros, con la llegada de Disney+, nos camelaron a todos. Tener nuestras series y películas de la infancia en streaming, unificadas en una misma plataforma, en la palma de la mano y en cualquier lugar y momento, es mucho más que tentador, quién puede negarse. ¿Una suscripción de mensual o anual por revivir los mejores momentos de nuestra infancia? Yo compro.

Sin embargo, en Disney+, han ido un paso más allá, y, sabiendo el control que tienen sobre su contenido, y, especialmente, sobre nosotros, han sacado la versión live-action del clásico Múlan, por el que hay que pagar 21,99€ por encima del precio de la suscripción.

Si volvemos la vista atrás, quizás recordaréis un caso similar en el que una empresa muy popular intentó aumentar sus beneficios forzando a sus usuarios a pagar, sin embargo, no les salió del todo bien.

WhatsApp, en sus inicios, requería una suscripción de menos de un euro tras un año de prueba, aunque no eran muy estrictos con sus cobros y era fácil renunciar al pago que requería la aplicación porque tras unas semanas, se renovaba el período de prueba. Sin embargo, en el año 2014, decidieron comenzar a suspender cuentas que no realizaban los pagos, y aunque algunos pocos pagaron para renovar su suscripción, la gran mayoría de nosotros nunca lo hizo. Y así, entre todos, conseguimos que WhatsApp nunca volviera a intentar cobrar una suscripción. Porque saben que la gente simplemente no va a pagar.

Photo by Anton from Pexels

Ahora mismo estamos en el equivalente a ese año 2014 en cuanto a Disney se refiere. Es el punto de inflexión. Ahora somos los consumidores los que tenemos en nuestras manos un mínimo poder sobre el gigante del entretenimiento. Cobrar adicionalmente por contenidos exclusivos solo puede funcionar si nosotros cedemos.

Así que la próxima vez que Disney+ te intente vender la versión live-action de Mulán, piensa si realmente merece la pena ver Mulán y asegurarle a Disney que tienen ese poder sobre tu cartera, o si prefieres renunciar a una sola película e impedir que Disney+ siga aprovechándose de sus consumidores. Esta vez, tú tienes el poder.

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