La Isla de las Tentaciones, ¿realidad o ficción?

Autora: Sara Navarro

Cinco parejas que van al paraíso a arreglar sus diferencias… No obstante, un paraíso lleno de cámaras, cortes, tomas, efectos y condicionado por un canal de televisión conocido por sus numerosos realities emitidos. ¿Y qué busca un reality?, entretener al público. Consume nuestro tiempo mostrándonos los conflictos y dramas de la vida diaria de los concursantes del show. Y es que, aunque parezca mentira, está demostrado que a los humanos nos gusta vernos a nosotros mismos en situaciones poco agradables, eso sí, a través de una pantalla. Mientras que las películas se quedan en eso, películas, obras cinematográficas que narran la historia de personajes de ficción dentro de un espacio y tiempo inventado, y los trucos de magia se quedan en ilusiones, un reality show, en cambio, se traduce como “espectáculo de la realidad” o “demostración de la realidad”. Incluye, como su nombre indica, porciones de realidad. 

Muchas veces se tiende a menospreciar este formato televisivo por su carácter “antipedagógico”, protagonizado por ignorantes y malhablados. El problema reside en que nos creemos mejores y más maduros que esos individuos reales, que no personajes de ficción, que conviven en un mismo espacio común y que acaban odiándose entre sí. Pero es que seamos sinceros, ¿somos todos tan felices como aparentamos en nuestro día a día?, ¿cuántas veces instintivamente nos acordarnos primero de las cosas malas, en vez de las buenas?, ¿por qué solemos recordar antes algo que nos hizo sufrir a algo que nos llenó de felicidad? En conclusión, parece que nos gusta ponernos las cosas difíciles, en vez de seguir el camino recto y esta manera de actuar no dista tanto del comportamiento de los participantes del programa.

El ser humano está destinado a caer y levantarse constantemente al igual que la historia está condenada a repetirse. No obstante, por cada golpe que nos da la vida, más nos fortalecemos hasta un punto en el que las cosas dejan de afectarnos de la misma manera. Las inseguridades no nos hacen más fuertes, nos hacen seguir recayendo y regresando a todo aquello que nos causó dolor, son ese nudo que no logramos deshacer. Viendo el programa nos damos cuenta de lo fácil que es inhibirse de las preocupaciones y problemas, y desatarse. Para que pararse a reflexionar sobre lo que uno hace mal y perjudica a la relación si puedes culpar a tu pareja, tacharle de celoso/a, montar un pollo, meter en el embrollo a terceras personas, darlo todo por perdido o, simplemente, despreocuparte y pasártelo bien. Qué fácil es olvidarse del mundo real y que difícil es volver a él. 

Y seguro que alguien piensa: “La Isla de las Tentaciones es un reality, no te creas todo lo que sale”. Y claro que no hay que fiarse ni de la mitad de lo que se muestra, al final son todos unos mini famosillos venidos de las redes sociales u otros programas que buscan un primer plano en la televisión a costa de ser el más marchoso. No obstante, muchas veces la realidad supera a la ficción. Los engaños, las mentiras, la desconfianza, los celos, la misoginia… están a pie de calle. Por desgracia, y como se ha visto en este programa, las mujeres en ocasiones siguen siendo menospreciadas, un ejemplo el comentario de: “Yo he hecho esto porque mi novia es muy celosa” o “estoy más preocupado por lo que mi novia pueda ver sobre mí que por lo que haya hecho ella”. Lo primero es que ella seguramente no es celosa sin motivo, sino gracias a cómo la han tratado. Y lo segundo es que resulta increíble que él se sienta orgulloso sabiendo que su novia lo pasa mal viendo sus vídeos.

Las parejas que van a este reality ponen a prueba su relación buscando una solución para sus conflictos internos. Se exponen a los focos y a la normativa de convivencia del programa, dejan de vivir en pareja para simular que son solteros en un paraíso con tentaciones. La finalidad escondida del programa es conseguir que las parejas se enfaden entre sí y caigan en la tentación. Buscan audiencia llevando al límite los sentimientos y salud mental de los protagonistas. No obstante, la base de las parejas que entran allí es la infidelidad o los celos, ellas también contribuyen a que el programa tenga visibilidad. En mi opinión, para arreglar los problemas en una relación, no hace falta ponerla a prueba, hace falta echarle valor y hablar las cosas. No exponerla a ser juzgada por toda la audiencia y a terminar de la manera que busca un formato televisivo.

En los realities se fuerzan las situaciones, las cámaras cohíben a las personas o las impulsan a hacer cosas que de manera normal ni se plantearían. Las relaciones sociales que se generan durante la convivencia entre los personajes quedan reflejadas en la pantalla y a la vista de la audiencia. Sin embargo, esta convivencia está tan contaminada por los factores externos que ofrecen estos programas, que nunca se podría afirmar que las relaciones que se generan entre los participantes sean reales.

3 comentarios sobre “La Isla de las Tentaciones, ¿realidad o ficción?

  1. ¡Sí señor!
    Qué buen análisis en profundidad de un programa de televisión. Se plantean un montón de temas desde un punto de vista crítico, más allá de verlo pasivamente desde el sofá. Me ha encantado.
    Este artículo se merece un aplauso. ¡Ojalá más cómo estos! Seguid así

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